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Arcos tatuajes

Cómo sé que un diseño está listo para tatuar

Me han hecho esta pregunta varias veces y siempre me cuesta responderla bien en el momento. No porque no tenga respuesta, sino porque la respuesta honesta tiene poco que ver con criterios objetivos y mucho que ver con algo que se aprende a reconocer con el tiempo y que es difícil de articular sin sonar vago.

Voy a intentarlo de todas formas, porque creo que entender cómo pienso el diseño antes de que la aguja toque la piel puede ayudarte a entender por qué el proceso previo a la sesión importa tanto como la sesión en sí.


Primero: el diseño tiene que funcionar como dibujo

Antes de pensar en la piel, el diseño tiene que ser sólido como pieza gráfica. Las líneas tienen que tener sentido, la composición tiene que estar equilibrada, los pesos visuales tienen que estar bien distribuidos. Si el dibujo no funciona sobre papel, no va a funcionar en la piel. La piel no mejora los problemas de un diseño: los amplifica.

Este primer filtro parece obvio pero no siempre lo es. A veces un diseño tiene partes que funcionan muy bien y partes que no están resueltas, y la tentación es pasar a la siguiente fase confiando en que lo que funciona va a compensar lo que no. En mi experiencia eso nunca acaba bien. Las partes sin resolver siempre se notan, siempre.


Segundo: tiene que funcionar en el tamaño real

Hay diseños que funcionan perfectamente a tamaño A4 y que al reducirlos al tamaño real del tatuaje pierden todo lo que los hacía interesantes. Los detalles se aprietan, las líneas se juntan demasiado, la legibilidad del conjunto se compromete.

Parte de mi proceso es siempre imprimir o dibujar el diseño al tamaño exacto en el que va a ir en la piel antes de dar el paso siguiente. No en pantalla, no a ojo. Al tamaño real, sobre papel, para verlo como va a quedar. Ese paso revela problemas que no se ven de ninguna otra manera.

Si a tamaño real el diseño pierde algo importante, hay que tomar una decisión: o se simplifica para que funcione en ese tamaño, o se plantea hacerlo más grande para que los detalles tengan espacio suficiente. Ninguna de las dos opciones es mala. Lo malo es ignorar el problema y tatuarlo de todas formas.


Tercero: tiene que adaptarse a la zona del cuerpo

El cuerpo no es una superficie plana. Tiene curvas, relieves, zonas que se mueven y zonas que no, partes que envejecen de una manera y partes que envejecen de otra. Un diseño que está perfectamente resuelto como dibujo puede no estar resuelto como tatuaje si no tiene en cuenta cómo va a vivir en la zona concreta donde va a ir.

Esto es algo que solo se aprende a fuerza de años y de errores. Saber cómo va a deformarse un diseño cuando la persona mueve el brazo, cómo va a verse una composición horizontal en una zona que tiene mucho movimiento muscular, cómo el relieve de una costilla va a afectar a la lectura de un diseño que sobre papel se veía plano y limpio.

Cuando tengo el diseño al tamaño real lo coloco sobre la zona del cuerpo antes de hacer el stencil. Lo miro en movimiento, con la persona en distintas posiciones. Si hay algo que no encaja en ese contexto, es el momento de ajustarlo. No después.


Cuarto: el cliente lo reconoce como suyo

Este es el criterio que más me importa y el que más cuesta de sistematizar porque depende de cada persona.

Hay diseños técnicamente sólidos que el cliente mira y dice «sí, está bien» con una tibieza que me dice que algo no está del todo alineado con lo que tenía en mente. Y hay diseños que el cliente mira y la reacción es completamente diferente: hay algo en la cara, en cómo lo mira, que dice que eso es exactamente lo que buscaba aunque no supiera cómo describírmelo.

Busco esa segunda reacción. No siempre la consigo a la primera, y cuando no la consigo prefiero ajustar el diseño antes de la sesión a que el cliente salga del estudio con algo que le gusta pero no le emociona. La diferencia entre los dos puede parecer pequeña en el momento, pero se nota mucho a lo largo de los años que va a llevar ese tatuaje.


Y luego está la intuición

Después de todos esos filtros hay algo más que no sé cómo llamar de otra manera que intuición. Una sensación de que el diseño está en su sitio, de que no hay nada que ajustar, de que lo que tengo delante es lo que tiene que ser.

No siempre aparece. Hay trabajos donde todo cuadra técnicamente y sin embargo algo me dice que podría ser mejor, y esa sensación casi nunca está equivocada. Cuando aparece, en cambio, cuando el diseño está realmente listo, hay una claridad en el proceso que lo hace todo más fácil: el stencil sale bien, la sesión fluye, el resultado se parece mucho a lo que estaba en la cabeza desde el principio.

Eso es lo que busco cada vez que me siento a diseñar. No siempre lo encuentro en el primer intento. Pero es el estándar con el que mido si un diseño está listo o no.

Si tienes algo en mente y quieres hablarlo, escríbeme. Estoy en Ermua, trabajo con cita previa y me gusta tomarmelo con calma. Esa calma empieza en el diseño.

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