Profesional avalada por una amplia trayectoria en el mundo del tatuaje

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¿Cuánto duele realmente tatuarse? Zonas del cuerpo y factores que influyen Es la pregunta que casi todo el mundo hace antes de su primera cita, y también la que más miedo da formular en voz alta. La respuesta corta es: depende. Pero como eso no le ayuda a nadie, vamos a darte la respuesta larga, con todos los factores que de verdad marcan la diferencia entre una sesión llevadera y una que se hace eterna. El dolor del tatuaje: ¿qué estás sintiendo exactamente? La aguja de tatuar no funciona como una aguja de inyección. No perfora en profundidad; trabaja en la dermis, la capa media de la piel, haciendo entre 50 y 3.000 movimientos por minuto según la técnica. Lo que sientes es más parecido a un arañazo continuo que a un pinchazo puntual. En zonas de poca grasa o cerca de huesos, ese arañazo puede convertirse en un escozor intenso. En zonas con más tejido blando, la mayoría de la gente lo describe como "molesto pero manejable". Zonas del cuerpo: de menos a más dolor Zonas con dolor bajo: El antebrazo exterior, la pantorrilla, el hombro y la parte superior de la espalda son generalmente los favoritos para los primeros tatuajes. Tienen buena cantidad

Por qué prefiero los diseños personalizados a los de catálogo Es muy fácil entrar en internet, buscar una imagen que te guste y decir: "quiero esto exactamente igual". Es rápido, es cómodo y ya sabes cómo va a quedar. Sin embargo, en mi estudio en Ermua, casi siempre intento convencer a quien viene de que hagamos el camino largo. El del diseño personalizado. No lo hago por complicarme la vida, ni por cobrar más. Lo hago porque un tatuaje de catálogo es como comprarse un traje que le queda bien a todo el mundo, pero no te queda perfecto a ti. Y cuando algo va a estar en tu piel para siempre, "bien" no es suficiente. La anatomía no es plana La primera razón es técnica. Un diseño que ves en una pantalla o en un papel es plano. Tu cuerpo no. Tienes curvas, músculos que se mueven y una anatomía única. Un diseño personalizado se construye pensando en dónde va a ir: cómo va a girar en el brazo, cómo se va a adaptar a la clavícula o cómo va a acompañar el movimiento de tu espalda. Cuando personalizamos un diseño, no solo dibujamos un motivo; dibujamos una pieza que "respira" con tu cuerpo.

No fue el más complicado. No fue el que llegó con la referencia más ambiciosa ni el que me pidió el trabajo técnicamente más exigente. Fue alguien que llegó sin tener muy claro qué quería, con mucho miedo y con una historia que no me contó del todo hasta que ya llevábamos un rato hablando. Y de esa persona aprendí más sobre mi trabajo que de cualquier otro cliente antes o después. Lo que creía que era mi trabajo Cuando empecé a tatuar tenía una idea bastante definida de lo que hacía: aplicar tinta sobre piel de la manera más precisa posible. El resultado era lo que importaba. La técnica, la línea, el acabado. Si la foto final era buena, el trabajo había sido bueno. No era una visión equivocada. Pero era incompleta. Con el tiempo fui dándome cuenta de que lo que pasaba antes de meter la primera línea era tan importante como la línea misma. La conversación. El proceso de entender qué quiere alguien y por qué lo quiere. El momento en que una persona te explica algo que no le ha contado a nadie y de repente entiendes que lo que está pidiendo no es un dibujo: es algo mucho más cargado

Me han hecho esta pregunta varias veces y siempre me cuesta responderla bien en el momento. No porque no tenga respuesta, sino porque la respuesta honesta tiene poco que ver con criterios objetivos y mucho que ver con algo que se aprende a reconocer con el tiempo y que es difícil de articular sin sonar vago. Voy a intentarlo de todas formas, porque creo que entender cómo pienso el diseño antes de que la aguja toque la piel puede ayudarte a entender por qué el proceso previo a la sesión importa tanto como la sesión en sí. Primero: el diseño tiene que funcionar como dibujo Antes de pensar en la piel, el diseño tiene que ser sólido como pieza gráfica. Las líneas tienen que tener sentido, la composición tiene que estar equilibrada, los pesos visuales tienen que estar bien distribuidos. Si el dibujo no funciona sobre papel, no va a funcionar en la piel. La piel no mejora los problemas de un diseño: los amplifica. Este primer filtro parece obvio pero no siempre lo es. A veces un diseño tiene partes que funcionan muy bien y partes que no están resueltas, y la tentación es pasar a la siguiente fase confiando en que lo